Por qué no tenemos premios (y qué mirar en su lugar)
Cómo funcionan los concursos de aceite, cuánto cuesta presentarse y qué señales de calidad puedes comprobar tú sin depender de una medalla.
Escrito por Familia Villafranca Bonilla8 min de lectura

No tenemos ninguno, y no vamos a fingir que es por principios: es que no nos hemos presentado. Presentarse cuesta dinero y organización, y con la producción que sale de una finca pequeña esa cuenta no ha salido todavía. Nos parece más útil contarte cómo funcionan los concursos por dentro y qué puedes comprobar tú sin depender de ellos.
Va sin acritud hacia los certámenes: los hay muy serios y las medallas de esos significan algo real. Lo que pasa es que significan una cosa bastante más estrecha de lo que la gente supone.
Cómo funciona un concurso por dentro
Los buenos hacen esto:
- El productor inscribe una muestra de una partida concreta y paga una cuota. Manda unas botellas.
- Las muestras se anonimizan. Se les asigna un código; el jurado no sabe de quién es cada una.
- Un panel de catadores entrenados las evalúa en copa azul opaca, para que el color no condicione, puntuando frutado, amargo y picante y buscando defectos.
- Se agrupan por categorías —frutado intenso, medio, suave— porque no tendría sentido comparar una Arbequina suave con una Picual de octubre.
- Se reparten oros, platas y bronces dentro de cada categoría.
Todo eso está bien hecho y es un trabajo serio. El procedimiento es esencialmente el mismo que describimos en cómo catar aceite en casa, solo que con gente entrenada y muestras a ciegas.
Lo que una medalla dice de verdad
Que un panel puso esa muestra por delante de las otras que se presentaron a ese concurso ese año. Nada más y nada menos.
Es información útil. También tiene cuatro límites que conviene conocer:
Premia una partida, no una marca. El aceite que ganó era el de una campaña concreta. Una botella de 2026 con el sello de un oro de 2023 impreso en la etiqueta no te dice nada de lo que hay dentro. Y esto es legal y habitual: el premio pertenece a la marca y se sigue usando.
Compara solo con quien se presentó. No es un ranking del sector: es un ranking de los inscritos. Muchísimos aceites excelentes no aparecen en ninguna lista porque su productor nunca mandó una muestra.
Hay muchísimos certámenes. Nacionales, internacionales, regionales, temáticos. Algunos son exigentes y otros reparten medallas con generosidad. Para quien compra es prácticamente imposible distinguir unos de otros desde la balda del supermercado.
Cuesta dinero. Cuota de inscripción por muestra, más el envío de botellas. Presentarse a varios en una campaña es un gasto real. Una cooperativa grande lo reparte entre miles de botellas; una finca pequeña, entre unos cientos.
Ese último punto es el que explica nuestro caso, y por eso lo decimos abiertamente en lugar de dejar un hueco silencioso donde otros ponen medallas.
Por qué hay tantos concursos
Vale la pena entender el ecosistema, porque explica bastante del ruido.
Un certamen de aceite necesita financiarse: hay que pagar a los catadores, el local, la logística de las muestras y la organización. La vía habitual es la cuota de inscripción, es decir, que lo paguen los que se presentan. Eso no es corrupto por sí mismo —muchos concursos de vino, quesos y conservas funcionan igual—, pero crea un incentivo evidente: cuantas más muestras se presenten y más contentos salgan los participantes, mejor va el certamen al año siguiente.
En los concursos serios ese incentivo se contrarresta con el método: muestras a ciegas, panel entrenado, categorías bien separadas y un porcentaje limitado de premiados. En los flojos, no se contrarresta, y el resultado es que casi todo el que se presenta se lleva algo.
Desde fuera es muy difícil distinguirlos. Las dos pistas más útiles:
- ¿Qué proporción de los inscritos recibe medalla? Los certámenes que publican cuántas muestras se presentaron y cuántas premiaron están dando un dato que los flojos no dan.
- ¿Publican el panel? Saber quiénes catan, y que sean catadores reconocidos, dice bastante.
Nada de esto significa que las medallas sean humo. Significa que un sello dorado en una etiqueta es una afirmación sin contexto, y el contexto es todo.
Lo que sí puedes comprobar tú
Aquí está la parte que sustituye a la medalla, y es más fiable porque juzga la botella que tienes delante y no otra de hace tres campañas.
En la etiqueta, antes de comprar
- «Virgen extra» en el nombre legal. Es lo único de la etiqueta que no puede mentir: exige cero defectos en cata. Sin esto, lo demás sobra.
- La campaña. Voluntaria, y por eso reveladora: nadie imprime la campaña de un aceite viejo. Si no está, resta dieciocho meses al consumo preferente y tendrás una idea de cuándo se embotelló.
- La variedad. Si pone Picual, Arbequina, Hojiblanca o Cornicabra, sabes a qué va a saber antes de abrirlo.
- El origen concreto, y que el envasador esté en la misma zona. Si el origen dice «mezcla de aceites de la Unión Europea», ya sabes lo que compras.
El recorrido completo está en cómo leer la etiqueta.
En casa, al abrirlo
Pon dos cucharadas en un vaso, tápalo con la mano, caliéntalo un poco moviéndolo y huele.
- Huele a verde —hierba, tomatera, hoja de olivo, almendra o manzana verde—: está sano.
- Huele a cera de vela, nuez vieja, pintura o cartón: está rancio, y da igual lo que ponga la etiqueta.
- Huele a fruta fermentada, a sótano o a vinagre: tiene un defecto de origen y no debería llamarse virgen extra. Los cinco están descritos en cómo saber si un aceite está malo.
Y después, en boca: si pica en la garganta un segundo después de tragar, ese aceite está vivo. El picor es un atributo positivo en la cata oficial, no un defecto; es lo primero que sorprende a quien viene de aceites suaves.
Qué preguntarle a quien te lo vende
Si compras directamente a un productor, tienes una ventaja que ninguna medalla te da: puedes preguntar. Y las respuestas se comprueban solas por lo concretas que sean.
- ¿De qué campaña es esta botella?
- ¿Cuándo se recogió la aceituna, en verde o madura?
- ¿Cuánto pasó entre la recogida y la molienda?
- ¿Es de una sola finca o mezcla de varias?
- ¿Es secano o regadío?
- ¿Qué variedad, y solo esa?
Un productor que hace las cosas bien contesta esas seis preguntas de corrido y con números. Uno que responda con adjetivos —«máxima calidad», «selección premium»— está diciendo algo también.
Nuestras respuestas están escritas en la web sin que haya que preguntarlas: Picual y solo Picual, de una finca y una campaña, secano, recogida en verde, molienda el mismo día, extracción por debajo de 27 °C.
Las guías y las listas, que son otra cosa
Junto a los concursos existe un segundo circuito que suele confundirse con ellos y que funciona distinto: las guías de aceite.
Una guía no reparte medallas: cata y describe. Publica una ficha por aceite con su perfil sensorial, su variedad, su origen y, a veces, una puntuación. Algunas seleccionan cada año un número cerrado de aceites y esa selección tiene bastante peso en el sector.
La diferencia práctica para quien compra es que una guía te dice a qué sabe un aceite, no solo que gustó. Eso es mucho más accionable: si lees que un aceite tiene frutado verde intenso con amargor alto y notas de tomatera, sabes si es para ti antes de gastarte el dinero. Una medalla no te dice eso.
Y hay un tercer circuito, más informal y sorprendentemente útil: las catas abiertas al público. Almazaras, tiendas especializadas y ferias organizan catas donde pruebas cinco o seis aceites seguidos. Una tarde de eso enseña más que un año leyendo etiquetas, porque el paladar aprende por comparación y no por descripción. Si tienes una cerca, ve: es la forma más rápida de dejar de depender de sellos ajenos.
Lo que sí nos falta, dicho a las claras
Para no quedarnos solo con lo que nos favorece, tres cosas que todavía no tenemos y que sí nos gustaría poder enseñar:
- La analítica publicada. Acidez, peróxidos y absorbancia ultravioleta de la campaña, con el número puesto. Es el dato más objetivo que existe y casi nadie lo publica. Cuando lo tengamos, irá en la web.
- El perfil de cata del panel. Tenemos una valoración provisional, pero hasta que no pase por un panel reconocido no es más que nuestra opinión sobre nuestro propio aceite, que vale lo que vale.
- Los premios. Si algún año las cuentas dan para presentarse, nos presentaremos. No hay ningún mérito en no hacerlo.
Preferimos escribir esto que dejar el hueco vacío. Un productor que solo cuenta lo que le favorece está contando la mitad, y esa mitad se nota.
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Ver la botella de medio litroPreguntas frecuentes
- ¿Sirven de algo los premios de aceite de oliva?
- Sí, con matices. Los certámenes serios usan paneles de cata profesionales y muestras anonimizadas, así que una medalla significa que unos catadores entrenados pusieron ese aceite por delante de otros. Lo que no significa es que los aceites sin medalla sean peores: solo que no se presentaron. Y premia una partida de un año concreto, no la botella que tienes delante.
- ¿Cuánto cuesta presentarse a un concurso de aceite?
- Los certámenes cobran una cuota de inscripción por muestra, y a eso hay que sumarle el envío de las botellas, que en los internacionales no es menor. Presentarse a varios concursos en una campaña supone un gasto que una explotación grande diluye entre miles de botellas y una pequeña, entre unos cientos. Por eso la ausencia de medallas dice más del tamaño que de la calidad.
- ¿Cómo sé si un aceite es bueno sin premios?
- Mirando cuatro cosas que están en la etiqueta o no están: que ponga virgen extra, la campaña, la variedad y el origen concreto. Y después, oliéndolo: un aceite sano huele a hierba, tomatera o almendra verde, nunca a cera de vela ni a cartón. Con eso decides mejor que con cualquier medalla, porque estás juzgando la botella que has comprado y no otra de hace tres años.
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