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Aceite de Jaén

Olivar de sierra: qué le hacen la altura, la jara y el tomillo al aceite

Por qué un olivar en pendiente y en alto madura más despacio, qué aporta el monte mediterráneo de alrededor y qué cuesta recogerlo.

Escrito por Familia Villafranca Bonilla7 min de lectura

Olivar plantado en la ladera de un cerro rocoso, con la rama de un olivo en primer plano
Joergsam · CC BY-SA 3.0

Maduran más despacio y dan menos fruta, y las dos cosas se notan en la copa. Un olivar en alto tiene noches más frías, menos agua y suelos más pobres, así que la aceituna tarda más en envero y llega al molino con más concentración de todo: más frutado verde, más amargor, más picor. A cambio produce bastante menos y cuesta bastante más recogerlo.

Ahora bien, hay una parte del relato del «aceite de montaña» que conviene desmontar, porque se cuenta mucho y no es exacta: el olivo no absorbe el aroma del tomillo que tiene al lado. Vamos por partes.

Qué hace la altura, en concreto

Tres efectos, y todos van en la misma dirección.

La diferencia térmica entre día y noche. En altura las noches son bastante más frescas, incluso en un verano duro. Esa oscilación ralentiza el metabolismo del fruto y retrasa la maduración. La aceituna llega a noviembre en un punto de envero más atrasado que la de la campiña, y eso significa que una recogida en la misma fecha da un aceite más verde.

Menos agua disponible. Un olivar en pendiente no retiene el agua: la deja correr. Sumado al secano, el árbol pasa sed en verano. Ese estrés hídrico es la clave de todo: el olivo responde produciendo menos fruta y concentrando más en la que produce. Está desarrollado en secano o regadío.

Suelos pobres y pedregosos. Poca profundidad, mucha piedra, poca materia orgánica. El árbol tiene que trabajar más para menos, y la consecuencia vuelve a ser la misma: menos kilos, más concentración.

Los tres factores empujan hacia el mismo sitio, que es por lo que el olivar de sierra da aceites reconocibles.

Lo que no hace la altura

Ahora la parte honesta, porque hay bastante mitología alrededor de esto.

El olivo no aromatiza por vecindad. La idea de que un olivar rodeado de tomillo, romero y jara da un aceite con notas de tomillo, romero y jara es bonita y no funciona así. El árbol no absorbe compuestos volátiles del aire de sus vecinos y los pasa al fruto. Los aromas del aceite salen de la propia aceituna: de su variedad, de su punto de maduración y de cómo se ha molido.

Entonces, ¿por qué se dice tanto? Porque hay una correlación real detrás. Un olivar con jara, tomillo y alcaparronera alrededor es un olivar que no se ha limpiado hasta el último palmo, de poca densidad, en pendiente, casi seguro de secano y probablemente con manejo tradicional. Todas esas cosas sí influyen en el aceite. La vegetación no es la causa: es la señal de que se dan las condiciones que sí lo son.

Dicho de otra forma: cuando alguien te cuenta que su aceite sabe a monte, probablemente su aceite sea bueno, pero no por el monte.

Y la altura tampoco salva un aceite mal hecho. Si la aceituna espera tres días amontonada antes de molerse, fermenta y aparece el atrojado, que se lleva por delante todo lo anterior. Da igual la altitud. Los cinco defectos están en cómo saber si un aceite está malo.

Lo que cuesta un olivar de sierra

Aquí está la razón por la que este tipo de olivar está desapareciendo, y conviene decirla con números aunque sean cualitativos.

Olivar de sierra Olivar de campiña
Densidad de árboles Baja Media o alta
Producción por hectárea Baja Alta
Recolección Vareo o vibrador manual Vibrador o cosechadora
Acceso de maquinaria Difícil o imposible Fácil
Riego Normalmente no Frecuente
Coste por litro Alto Bajo

La pendiente lo condiciona todo. Una cosechadora continua, de las que recogen olivar en seto avanzando por la calle, no puede entrar en una ladera. Un vibrador de tronco con paraguas invertido, sí, pero con dificultad y despacio. Y en las parcelas más empinadas, la recogida sigue siendo con vara y con manta, como hace un siglo.

Los árboles van separados. No es una elección estética: en suelo pobre y sin riego, plantar denso significa que ninguno saca lo suficiente. Menos árboles por hectárea es menos producción por hectárea, y los costes fijos de la finca se reparten entre muchos menos litros.

La suma de las dos cosas es que cada litro de aceite de sierra cuesta bastante más de producir, y por eso muchas parcelas se están abandonando. Es una pérdida difícil de revertir: un olivo nuevo tarda años en producir, y una ladera abandonada se erosiona.

Dónde está nuestro olivar

Está en la falda de la sierra, al norte de Marmolejo, en las estribaciones de Sierra Morena, donde el valle del Guadalquivir empieza a levantarse. En alto, no en el llano.

Es de secano: no se riega, y no es una decisión de marketing. Ahí arriba no hay con qué regar.

Alrededor hay jara, tomillo y alcaparronera, que es lo que crece en esta ladera. Con la advertencia de más arriba: no es lo que le da el sabor al aceite, es lo que indica en qué tipo de sitio está.

Y se cultiva Picual y solo Picual, que es la variedad de la provincia y la que aguanta bien estas condiciones. Sobre lo que la Picual aporta frente a otras variedades, esta comparativa.

Por qué la recogida de sierra empieza más tarde y acaba antes

Un detalle de calendario que tiene consecuencias directas y que casi nunca se cuenta.

La maduración en altura va retrasada respecto a la campiña, así que en una misma fecha de noviembre la aceituna de sierra está más verde que la del llano. Eso, para quien busca cosecha temprana, es una ventaja de partida: la ventana en la que la fruta está verde dura más arriba que abajo.

Pero el frío también aprieta por el otro lado. En la sierra el riesgo de helada durante la campaña es real, y una aceituna que se hiela en el árbol da el defecto de madera húmeda, que baja de categoría el aceite entero de esa partida. Está descrito en los cinco defectos.

Así que un olivar de sierra trabaja con una tensión concreta: esperar da fruta más madura y más rendimiento, y esperar demasiado expone a una helada que puede arruinar la partida. La decisión sensata, y la que toma casi todo el que busca calidad arriba, es recoger pronto y no apurar.

A eso se suma lo obvio: en la ladera los días útiles son menos. Amanece más tarde entre las lomas, la humedad del suelo obliga a esperar, y una tarde de lluvia deja la parcela impracticable durante días. La campaña de sierra es más corta y más apretada que la de campiña, y esa es otra de las razones por las que cuesta más.

Cómo se nota en la copa

Con todo lo anterior, qué esperar de un aceite de olivar de sierra en secano y recogido en verde:

En nariz: frutado verde intenso. Aceituna recién molida, hoja de olivo, hierba fresca, tomatera. De fondo, almendra verde y manzana verde.

En boca: entrada limpia, y después amargor claro que sube a mitad de recorrido.

Y al final, el picor, que llega tarde y en la garganta, un segundo o dos después de tragar. A veces hace toser. Ese picor no es un defecto: es un atributo positivo en la cata oficial, y viene de compuestos que la aceituna solo tiene mientras está verde. Está contado en por qué pica el aceite de oliva.

Si vienes de aceites suaves, la primera cucharada sorprende. La recomendación de siempre: pruébalo sobre pan templado con una pizca de sal antes de decidir nada. Ahí el picor se redondea y el frutado se queda entero.

¿Merece la pena pagar más por él?

La respuesta honesta es: depende de dónde lo vayas a usar.

En crudo, sí y mucho. Es exactamente donde la concentración se nota: sobre un tomate, sobre pan, sobre unas legumbres. Y como en crudo se gasta a cucharadas, la diferencia de precio por comida es de céntimos.

En una freidora, no. El amargor y el picor que estás pagando se degradan con el calor. Para freír, un virgen extra sencillo hace el mismo trabajo. El reparto completo está en qué aceite usar para cada cosa.

Y una consideración menos práctica pero real: comprar aceite de olivar de sierra es una de las pocas formas directas que existen de que esas parcelas sigan trabajándose. No es un argumento de calidad y no lo presentamos como tal, pero es cierto.

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Preguntas frecuentes

¿El aceite de montaña es mejor?
No automáticamente, pero parte con ventajas reales: la maduración más lenta y el estrés hídrico del secano tienden a dar aceites más concentrados, con más amargor y más picor. Dicho eso, la altura no salva un aceite mal hecho. Si la aceituna se amontona días antes de molerse, da igual a qué altitud creció el olivo.
¿A qué altura crece el olivo?
Se cultiva desde el nivel del mar hasta cerca de los mil metros, y en algunas zonas de Andalucía se encuentran olivares algo por encima. El límite no lo pone la altura en sí, sino el frío: por encima de cierta cota las heladas invernales son demasiado intensas y prolongadas, y el olivo no las tolera bien.
¿Afecta la vegetación de alrededor al sabor del aceite?
No de forma directa: el olivo no absorbe el aroma del tomillo que tiene al lado, aunque se cuente a menudo. Lo que sí ocurre es que el monte mediterráneo alrededor indica un tipo de suelo, de clima y de manejo —secano, pendiente, poca densidad— y esas condiciones sí influyen en el aceite. La vegetación es un síntoma, no una causa.

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